Cuando el amor se jubila

Los divorcios entre matrimonios de 65 años o más aumentan año a año
Por Erika D. de Argandoña y Valvanera Lecha, el 28 de Mayo de 2009, a las 8:00 am. Sin comentarios. Comparte
El momento de la comida en una residencia de ancianos. Andrea Anguita.

El momento de la comida en una residencia de ancianos. Andrea Anguita.

Son las 7.00 de la mañana. Ring… Suena el despertador. El desayuno de los niños, el informe del trabajo, la compra, más trabajo, la reunión de padres, el gimnasio, la ducha de los niños… Ring ring… Las 10.00 de la mañana. Vuelve a sonar el despertador. Delante de usted, las 24 horas del día, vacías, a su completa disposición… nada más. Bienvenido a la jubilación.

La jubilación. Esa etapa de la vida que unos esperan con impaciencia y otros rehúyen con ansiedad. “Un palo psicológico para muchos”, explica el profesor de Sociología de la Universidad de Navarra, Alejandro Navas. La vida se pone patas abajo y reorganizarla se plantea como un objetivo prioritario. “Tal vez sea un buen momento para recuperar el tiempo perdido con la pareja”, se plantean muchos. Tal vez no había tanto tiempo perdido.

Con los hijos fuera de casa y sin el colchón del trabajo, el matrimonio de pensionistas afronta tener que mirarse las caras las 24 horas del día. Pero es una cara demasiado vista ya para mirarla tanto tiempo seguido y durante tantos años. Antes, la jubilación era como la antesala del “se acabó”, ahora no es más que una paradita para coger aire. España es el país de la Unión Europea con mayor esperanza de vida: 82,9 años en el caso de las mujeres y 75,6 en el de los hombres. Así que tras la jubilación todavía quedan muchos años al lado “del otro”. Y el tiempo de más no solo se alargan por arriba sino también, y parece que cada vez más, por abajo. “El otro día una empresa anunció que quería prejubilar trabajadores de 48 años”, comenta Navas.

Y a todo esto hay que añadirle un último ingrediente, como señala el Instituto Público de Familia: la mayoría de los cónyuges tienen que convivir en viviendas de menos de 80 metros cuadrados. El hombre se jubila, pasan muchas horas en casa, aumentan los roces y la crisis se desata.

En 2006, más de 12.000 parejas no pudieron superar sus crisis sentimentales. Andrea Anguita.

En 2006, más de 12.000 parejas no pudieron superar sus crisis sentimentales. Andrea Anguita.

En 2006, un total de 12.152 parejas no pudieron superarlo, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). “Hay quien ha cultivado amistades y aficiones que hacen más llevadera la etapa”, señala el profesor Navas. Pero otros se ven abocados a “dedicarse a la bolsa”. “Sí, sí -ríe- la bolsa de la compra, la de la basura, la de la merienda de los nietos… o lo que es peor, se convierten en un trasto que ve la televisión”. La persona, su pareja y la bolsa (o la tele). Es en esos casos cuando se puede hablar, al menos, de un problema. Y en bastantes ocasiones, el divorcio acaba siendo la solución a ese desajuste sentimental.

Uno de esos divorcios tardíos, como los llaman en la jerga de la abogacía, fue el de Jokin Idoate. “La decisión se toma por una serie de motivos que se van sumando. En mi caso, no ocurrió nada concreto. Cada persona se desarrolló en una dirección y al final, las tradiciones se rompieron”, comenta este hombre de 60 años que, hace dos, rompió una unión de 21 años.

En este tipo de divorcios las consecuencias psicosociales son menores que cuando hay niños pequeños de por medio. Sin embargo, Raquel Moreno, psicóloga especializada en la tercera edad, explica que se pueden dar reacciones muy distintas. Algunos tienen claro lo que hacen y apenas necesitan ayuda externa, más allá de la de familiares y amigos. Para otros, dar este paso resulta muy traumático y la nueva situación se les presenta como algo insoportable. Ante esto, la psicóloga recomienda potenciar el propio desarrollo y las propias habilidades: retomar las antiguas relaciones, estar abierto a nuevas amistades y buscar las ventajas de la nueva situación. A Jokin Idoate no hace falta que se lo digan, lo vive cada día. “Procuro estar con la mente ocupada. Doy clases de música y en dos semanas, he conseguido 16 alumnos. Ante la soledad, la mejor solución es mantenerse activo”, dice.

Sin embargo, Jokin tiene otra idea muy clara en la cabeza.
- ¿Volverías a enamorarte?
- No. Nunca.

Tendencia en aumento

“Desde nuestro despacho no hemos percibido ningún aumento de divorcios en personas mayores”, comenta el abogado matrimonial César Mañú. Recuerda un caso, pero pasó hace bastante tiempo: “Era un hombre mayor que quería divorciarse. Lo primero que dijo es que había vivido toda la vida como un perro y quería acabar con eso”. Se empezaron los trámites, pero nunca concluyeron. Estrella Los Arcos trabajó como abogada especializada en materia de separaciones, nulidades eclesiásticas y divorcios entre los años 80 y 90. “Entonces era muy raro que las personas mayores se divorciasen”. Esta letrado señala que la incorporación general femenina al trabajo no se había producido en la sociedad española de aquellos años. “Ellas dependían económicamente de sus maridos”, recuerda. Tampoco hay que olvidar el peso que los principios religiosos todavía tenían en España. “Esto no quiere decir que todos los matrimonios fueran un modelo de vida, sino que simplemente, la mujer no se atrevía a dar el paso legal, aunque dentro del hogar no tuviese relaciones con sus esposo”, aclara. Sin embargo, ninguno de estos abogados duda de que la situación está cambiando. “Hay una cierta tendencia y las personas mayores cada vez se divorcian más”, dice Estrella Los Arcos. La evolución social y muchos de los cambios producidos en las últimas décadas se alzan como motivos. La abogada destaca la independencia económica de la mujer. Gracias a ésta, la esposa puede mantenerse a sí misma tras la separación. Además, según explica el profesor Navas: “Actualmente se está separando la generación del baby-boom, la más rica de la historia”. Esto favorece en gran medida el divorcio; un proceso caro, tanto por sus trámites como por el acceso a la segunda vivienda. Si a todo este panorama se le añade algún empujón legislativo, los sexagenarios ya tienen el impulso que les faltaba para iniciar los trámites de la disolución matrimonial. La ley del “divorcio exprés” llegó a España en el año 2005. Luis Zurraluqui, presidente de la Asociación Española de Abogados de Familia, asegura que este hecho ha tenido una influencia notable en las personas mayores que ahora pueden divorciarse de manera barata, rápida y sin la necesidad de separarse previamente.

Hasta hace unos años, las disoluciones de pareja en personas de la tercera edad eran, casi materia de la ficción. Algún libro y alguna película abordaron el tema, como la novela Brooklyn Follies, con un jubilado divorciado como protagonista. Sin embargo, este fenómeno se ha convertido hoy en día en una realidad. Socialmente admitido e incluso facilitado, ya no hace falta esconderlo como en épocas pasadas. Los jubilados ya han perdido la vergüenza al divorcio.

*Agradecimientos por participar en la ideación y redacción de este reportaje: Zuriñe Lafón, María Voltas y Guilherme Waltenberg.

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