Triplete hasta en la sopa
El Barcelona consigue un triplete histórico ante el Manchester y garantiza una semana llena de homenajes, monumentos y ofrendas divinas

Piqué hizo de todo ayer. Jugó a fútbol, se llevó las redes de la portería e incluso practicó karate. Seguro que durmió muy bien. marca.com
Tenemos triplete para rato, por lo menos durante un par de semanas. El Barça , con su triunfo de ayer ante el Manchester en la final de la Champions, consiguió lo que ningún equipo español había logrado hasta ahora. Ganar la liga, la Copa de su Majestad y la Copa de Europa en la misma temporada. Como la Trinidad, pero en versión futbolística.
La final fue de lo más predecible. El Manchester, a lo suyo. Las montañas rocosas. El Barça, pues como siempre. Como un hermosos y verdoso prado de anuncio de Milka. Jugó de lujo, maravillosamente, tocando el balón, y se hizo con el partido con la misma facilidad de un pívot de 2,20 para cazar rebotes. Al menos hubo detalles de calidad. El peinado de Cristiano, por ejemplo, de lo mejor. Solidez a prueba de esprints y remates de cabeza. Una gomina mejor que la del anuncio de Paulina Rubio. Nada que ver con la sudada de melena que se marcó Carles Puyol a lo largo de la banda derecha.
Los gurús de la pelota dirán que fue un espectáculo, que salió ganando el fútbol. Pero más bien resulta aburrido, monótono, anodino, repetitivo. El Barcelona se acerca peligrosamente al diccionario de los tópicos futboleros. El fútbol es así. Somos oce contra once. El Barça es el mejor equipo del mundo… ¿No podían perder sólo por una vez? No, porque en juego estaba un récord. El del triplete.
Y no hay nada mejor que un récord para llenar minutos de programación. La que nos espera es la mudial. Especiales, entrevistas, reportajes, monumentos, sacrificios divinos… Las rayas de la carta de ajuste de la tele se van a volver balugranas. Es lo que tiene la supremacía del Barcelona en el deporte rey. Los culés se llevaron la copa, el título, las felicitaciones de políticos, reyes y príncipes, la alegría de la victoria, la alegría de los más de 6 millones de euros de prima sumados a los otros 11 que ya tenían, y las botellas de cava, catalán claro, para celebrarlo.
Tal es la superioridad del Barcelona en el imperio del fútbol, que Gerard Piqué, en lugar de un simple trocito, se autorregaló en plan abusón las redes enteras de las dos porterías del Olímpico de Roma. Antena 3 cerró la conexión con el estadio cuando todo el mundo estaba esperando a que alguien saliese con la excavadora para arrancar de cuajo el césped del estadio y llevárselo de recuerdo. ¡Visca el Barça!


Tu turno