Un show inalcanzable

Por Jacinton Post, el 29 de Mayo de 2009, a las 1:45 pm. Sin comentarios. Comparte

Estados Unidos es un país peculiar. Una factoría cultural y deportiva que dobla su producción cuando se trata de generar mitos y leyendas vivientes. La marca NBA es una de ellas. El baloncesto norteamericano, junto a Hollywood y todo lo que salga de la urbe de Nueva York, es uno de los buques insignia cuando se trata de crear filiaciones por esa tierra. Lebron James, Kobe Bryant, Michael Jordan… la calidad individual de cualquier jugador de la mejor liga del planeta es impepinable. El juego colectivo de dudoso gusto. Es algo que se rinde a las exhibiciones personales entre las cuatro líneas del campo, alrededor de la que montan una parafernalia única. Algo irreproducible a este lado del océano.

Por ejemplo, el Boston Garden, uno de los campos más emblemáticos de Norteamérica, se convierte en un auténtico circo para recibir a los Celtics. Un aforo de 20.000 personas sedientos de espectáculo. Sea un miércoles o un domingo, el ambiente es fascinante. Una experiencia única para los que no están acostumbrados. Música, el partido retransmitido en directo por las pantallas gigantes que cuelgan del techo del pabellón y un ejército de ‘barmans’ y acomodadores que se multiplican minutos antes del comienzo del choque para dar responder a todas las peticiones de cerveza. Así son los Yankees. Un vídeo de Braveheart encabeza las presentaciones de las plantillas. De repente, la imagen en la que los escoceses se levantan las faldas para dejar al descubierto el lugar donde la espalda pierde su santo nombre se esfuma. La cara de Paul Pierce, estrella del equipo local se ilumina y grita sin sentido, sin decir nada, como si estuviese poseído. Una locura que apenas tarda dos segundas en extenderse por las gradas Eso sí, el graderío recupera toda su cordura cuando el tenor de turno sale a cantar el himno nacional americano.

Así son los ‘Yankees’. Durante el partido pasan largos periodos de pie, sin sentarse, a pesar de que cuentan con los mejores asientos que las posaderas del abajo firmante ha podido disfrutar en un evento deportivo. Los mates, los triples estratosféricos van y vienen creando el delirio colectivo. Nunca un tiempo muerto estuvo tan vivo. Un auténtico batallón de animadoras –habría que reunir a las de 5 equipos ACB para iguala las del conjunto de Boston- vuelven a enardecer los ánimos e incluso, despiertan los instintos más primitivos. Producto de ello alguno de los presentes deja escapar algún exabrupto, que para el que tenga el oído afinado al inglés, le obligará a torcer el gesto. Estados Unidos nos lleva una ventaja notable en lo que a entrenimiento se refiere. Cualquiera de estos partidos debería ser un reclamo autosuficiente. No es necesario aderezarla con nada. Sin embargo, el show revaloriza el espectáculo haciendo que le Liga americana lleve una distancia sideral al baloncesto español, que no deja de ser la segunda potencia mundial a este respecto.

Tu turno

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