Pasta de universitario
Los estudiantes tienen modos muy variados de sacarse un dinero extra durante la carrera

Los estudiantes deben encontrara huecos en su agenda para realizar trabajos esporádicos. Andrea Anguita.
¿Estudias, trabajas, o las dos cosas? Cada vez son más los universitarios que deciden combinar sus estudios con un trabajo alternativo que les ayude a pagarse sus gastos. Camarero, profesor, relaciones públicas, repartidor de propaganda, azafata, canguro o dependienta: todo vale con tal de aumentar los ingresos.
Según el último estudio realizado por el Instituto Navarro de Juventud, el 69% de los jóvenes navarros cuenta con algún tipo de ingresos propios. La lista de trabajos es muy larga, pero sin embargo hay estudiantes que deciden ganar dinero de forma diferente.
Billy Reig, cursa tercero de Publicidad en la Universidad de Navarra, mientras lo compagina con un ‘trabajo alternativo’. Hace dos años obtuvo mil euros por someterse a un estudio farmacológico en la Clínica Universitaria de Navarra que investigaba la eficacia de unas pastillas para la esquizofrenia.
Ser un “hombre cobaya” y ganar mil euros de forma aparentemente fácil también tuvo consecuencias negativas: “Hubo un momento en el que la pierna izquierda no me respondía”. Relata que en otra ocasión estaba en clase cuando una compañera le advirtió: “Billy, se te cae la baba”. Se limpió rápidamente la barbilla. Había perdido la sensibilidad de la boca por los efectos secundarios de los fármacos. “Fue molesto pero se me pasó en media hora”, se consuela el universitario.
Las molestias que le ocasionaron estar bajo los efectos de las pastillas no le impidieron llevar una vida relativamente normal. Acudía a clase con frecuencia, aunque le molestaba haber perdido parte de su tiempo libre al tener que pasar “una noche por semana en la Clínica”.
Este joven afirma que, a pesar de todo, el balance del experimento fue positivo. Billy es tajante cuando señala qué busca con estos experimentos: “Mi único interés es el dinero”. No poder fumar, ni beber, ni tomar cafeína, estar ingresado tres días mientras una enfermera le saca sangre cada media hora, ir todas las mañana a la Clínica Universitaria, babear y quedarse sin sensibilidad en la boca o en la pierna. Nada ha desanimado a este ‘hombre-experimento’, que recomienda probar esta forma tan particular de conseguir dinero a todo el que lo necesite.
Dos óvulos, 2000 euros
Esta no es la única forma de ganar mil euros en diez días. Unas características físicas similares a la solicitante, no padecer enfermedades congénitas ni mentales, tener entre 18 y 35 años y, sobre todo, ser fértil. Se trata de los requisitos legales que demandan las clínicas a las donantes de óvulos. Pero no todo el mundo está dispuesto a ganar dinero de esta forma. Amaia Martínez, bióloga del Estudio Médico de Navarra, asegura que las familias que vienen a solicitar donaciones de óvulos han de apuntarse en una lista de espera de seis meses. “Tan sólo han venido 15 chicas en el año que lleva abierta la clínica”, señala Martínez.
Amaia Martínez afirma que “hasta que el tamaño de los óvulos no es el adecuado, no se puede proceder a la sedación de la paciente”. La cosa no acaba aquí. Los chicos pronto podrán donar semen en el centro pamplonés donde hasta ahora no se ofrecía esta posibilidad. Se espera que la nueva iniciativa tenga más aceptación que en el caso de las mujeres ya que el proceso es mucho más sencillo: “Se les paga treinta euros y el chico puede venir siempre que le llamemos”, concluye la bióloga del centro.
Donar semen u ofrecerte para estudios científicos nada tiene que ver con la forma que tiene Kattalin Ansorena de ganar dinero. Ella no padece ningún efecto secundario, sino que aplica la terapia de la sonrisa. Forma parte del trío de payasos Txirri, Mirri eta Txibiritón Junior. Kattalin, de 22, cursa Magisterio en la Universidad Pública Vasca, y los fines de semana deja de lado los estudios para ocupar su tiempo libre en divertir a los más pequeños con narices rojas y zapatos grandes.
“Para mí más que un trabajo es un hobby”, dice Kattalin, las tablas le vienen de familia, es hija del segundo payaso de los televisivos Txirri, Mirri eta Txibiriton. Desde pequeña ha sido el recurso secreto al que recurría su padre en cualquier ocasión. “He salido en la tele desde que medía medio metro”, comenta Kattalin mientras se señala irónica la cintura. Junto a otros dos jóvenes inició su primera gira hace cuatro años y así formaron la compañía junior. No les ha ido mal: ya llevan cuatro giras en cuatro años. Comenzaron con guiones escritos por sus padres y cada vez van elaborando más sus propios textos. Poco a poco van adquiriendo más libertad y sus espectáculos son diferentes a los que se pueden ver en la pantalla. Dan personalidad a su show diferenciándose de sus progenitores.
Kattalin aclara que el dinero que obtiene de las actuaciones le sirve tanto a ella como a sus compañeros de paga extra: “Con lo que ganamos en las representaciones podemos costearnos pequeños caprichos”. Han actuado tanto en plazas de pequeños pueblos como para miles de personas. Se disfrazan y trabajan, más que por el dinero, porque les gustan los niños.
También pertenece al mundo del espectáculo Nacho Pons, estudiante de tercero de Ingeniería Técnica Industrial. En primero de carrera decidió poner en práctica los malabares que sabía hacer desde crío y se apuntó al grupo de malabares del Centro Politécnico Superior de Zaragoza (CPS).
De eso hace ya cinco inviernos, “poco a poco vas conociendo a gente, luego empiezan a llamarte para cabalgatas medievales o actuaciones infantiles, pero sólo llevo cobrando tres años”. Las tarifas varían según el kilometraje, el traje que vas a usar, si sólo es fuego o son fuegos y luces… Nacho cobra aproximadamente unos 200 euros por un espectáculo individual y si es un número grande de la compañía 1.200 euros que tienen que dividir entre cuatro.
El futuro ingeniero cree que podría vivir trabajando de esto, con lo que hace ahora le da para cubrir sus gastos, e incluso para ahorrar. De momento comenta que tiene “una ingeniería que sacar adelante aunque hasta ahora se la haya tomado con mucha calma porque los malabares le quitan bastante tiempo. A partir del verano ha previsto dar clases a niños en un local alquilado con otros malabaristas zaragozanos, “eso serán más horas dedicadas a los malabares, más dinero y menos horas de estudio”, sentencia irónico.
Con la agenda apretada
No todas las maneras de ganar dinero son tan rápidas. Encontrar huecos en agendas imposibles es el reto de los universitarios que optan por los trabajos esporádicos. Elia Mateo, estudiante de empresariales en la Universidad de Zaragoza, trabaja de azafata en la ciudad donde cursa sus estudios desde que comenzó su carrera. Necesitaba el dinero y una amiga le comentó la posibilidad de apuntarse en una agencia de azafatas. Desde entonces su vida se ha complicado, su cuenta corriente goza de una salud de hierro, pero sacar sus estudios adelante se le hace mucho más duro: “He llegado a ganar 400 euros en una semana a costa de faltar a clase”.
Lo más duro para esta zaragozana de 21 años es sostenerse encima de unos tacones y mantener la sonrisa durante doce horas seguidas. “Es un gran esfuerzo, pero bien retribuido”, dice.
“Me da vergüenza contar todo lo que hago”, reconoce Josu Sánchez, dantzari y estudiante de Filología Inglesa. El año pasado finalizó sus estudios de Magisterio de Lengua Extranjera y decidió seguir aprendiendo porque tiene muy claras sus prioridades “desde siempre he querido ser profesor de inglés,y aunque el baile me quite muchísimo tiempo, para mí sólo es un hobby”. A sus 22 años compatibiliza sus estudios con la danza que practica desde los seis años. “Empecé a bailar en la ikastola y como me gustaba entré en la Academia Municipal de Folclore de Vitoria-Gasteiz donde ahora doy clase a niños”; hace dos años dió un paso más allá y junto a su hermano fundó aurresq.com, asociación en la que ofrece el tradicional baile del País Vasco, el aurresku junto a su hermano y a un txistulari en bodas, inauguraciones y otros acontecimientos que reconoce “poco a poco se han ido haciendo más importantes”.
Laura Llauradó y Maria Pineda Badia dan clases de repaso de inglés en las Teresianas de Barcelona. “Intento combinar las prácticas obligatorias en un hospital de Granollers con la clases y el trabajo, lograrlo es un encaje de bolillos, pero al final todo sale. Aunque sea a costa de levantarme todos los días a las seis de la mañana”, asegura Pineda, estudiante de cuarto de Medicina en la Universitat de Barcelona.
Laura cursa cuarto de Comunicación Audiovisual en la Universitat Internacional de Catalunya, y se transforma en profesora los martes, miércoles y jueves: “Acabo agotada, pero cobro 16,50 euros por hora en el colegio y 8 por las clases particulares. Estos ingresos me dan para pagarme el alquiler del piso y parte de la comida de un mes”. Además de impartir clases de inglés, esta tarraconense también ha trabajado como camarera en un Starbucks de Southampton (Inglaterra) mientras disfrutaba de una beca Erasmus. Maria Pineda se sacó el título de Monitora de Ocio y Tiempo Libre en primero de carrera. “Cuando trabajaba en los campamentos ganaba suficiente dinero para poder sufragarme los gastos de todo el año”, afirma.
Ellas enseñan a niños; Kattalin les hace reír, Nacho les hace suspirar con sus juegos de malabares; Billy y Elena prestan su cuerpo a la ciencia; Josu pasa bailando 20 de las 24 horas al día. Diferentes formas de ganar dinero, pero con un elemento en común: son universitarios y necesitan la pasta.
*Agradecimientos por participar en la ideación y redacción de este reportaje: Begoña Blanco, David Miranda y Cristina Tris.


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