UPyD trasciende el principio de no contradición
La filosofía oriental se ha instalado en el Congreso. Nuestros estrategas y políticos más brillantes han llegado a la conclusión de que “todo es uno y el uno es todo”, en un amalgama de budismo, taoismo e hinduismo. Sólo así se puede defender una cosa y la contraria sin que el universo implosione. O la vergüenza. El adalid de esta nueva perspectiva política ha sido UPyD, que ha conseguido, mediante la unión temporal con el diputado del progresista y democrático Foro Asturias, 441.864 euros para seguir financiándose. Además Toni Cantó tendrá un nuevo escenario donde dar rienda suelta a sus dotes interpretativas y su partido la posibilidad de tener voz propia en el Parlamento, lo que igual resulta de alguna utilidad.
Aunque Rosa Díez hubiese criticado en 2008 una treta parecida fraguada por BNG, ERC e IU-ICV y ahora parezca olvidarlo, no es bajo ningún concepto una hipócrita. De hecho ha defendido, igual que hizo en 2008, que sea ahora Amaiur el que no pueda hacer “chapuzas” para llevarse el dinero como ha hecho su partido. Ha pedido incluso su ilegalización. Parece obviar la progresista y demócrata Díez que el partido abertzale ha sido elegido democráticamente, que es un partido político legal y que está en el mismo derecho que su partido de constituirse como grupo parlamentario propio. No sólo eso, sino que han aceptado ir a visitar al rey, llamarle “Su Majestad” y se han comprometido a hacer su trabajo, que es representar a sus votantes en la casa donde, teóricamente, estamos todos representados. Conviene recordar al lector y a la diputada Rosa que Amaiur -HB, EH, ANV…- era ilegal por apoyar, pasiva o activamente, la actividad armada de ETA, no por pensar diferente.
Las demás fuerzas políticas han reaccionado como cabía esperar. El PP, que aunque parezca mentira sólo comparte una “p” con el partido de Rosa Díez, ha celebrado la coherencia y lógica del argumento de los upeidistas y ha impedido a Amaiur su constitución como grupo propio, con la tibia oposición del PSOE y CIU. González Pons, de hecho, ha seguido dentro de esa línea de coherencia acusando a los independentistas de querer cargarse la constitución, meses después de que su partido pactara una reforma constitucional saltándose todos los trámites democráticos. Gaspar Llamazares, desde su exilio interior en el grupo de Izquierda Unida, ha mostrado su frustración por la forma en que los partidos más democráticos y españoles le estén haciendo la campaña a la victimista izquierda abertzale y no a él. El lehendakari Patxi López también ha mostrado preocupación ante la indiferencia con la que han sido tratados 600.000 ciudadanos vascos y navarros -y por tanto, también españoles- y las posibles consecuencias en votos para su partido. Para él es una “torpeza” no reconocer los gestos que se están dando para la integración democrática desde Amaiur.
¿A quién beneficia todo ésto? Como siempre, y tratándose de política, al conjunto de la ciudadanía. Así olvidamos que Camps está en el banquillo, que dentro de una semana nos enfrentaremos a recortes y austeridad sin precedentes -y eso que aquí hubo una guerra civil y una postguerra civil también-, que el yerno del rey es un (presunto) ladrón sin ética ni moral o que sencillamente son así de incompetentes.



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